
En el siglo XIX, el puerto de Sao Paulo era uno de los focos económicos más importantes de América. Durante décadas se dominaba desde allí el comercio internacional de café, además de ser una de las piezas más importantes en el todavía floreciente mercado de esclavos.
La entrada y salida de barcos era constante, así como el flujo de personas y mercancías. La población de Sao Paulo, además de los esclavos de origen africano, estaba compuesta sobre todo por emigrantes de origen portugués, español, italiano y alemán, además de un selecto grupo de ingleses que dominaban determinados negocios como las casas de fletes y comercio, las concesiones mineras o el desarrollo del ferrocarril.
En este ambiente de ebullición social y económica, comenzaron a hacerse habituales y populares los pequeños Terriers que habían llegado en los barcos ingleses y que ahora colaboraban en el control de plagas de los almacenes del puerto. No había empresa ni hombre de negocios que no contase con sus propios terrier.
En principio se trató de Parsons y Jack Russells, además de Fox Terriers de pelo liso que posteriormente se irían cruzando entre sí. No se sabe si de manera buscada o fortuita, aquellos Terriers se cruzaron también con Pinschers y Chihuahuas, influyendo en el aspecto particular, más redondeado, menos anguloso, de una raza que en principio fue denominada Fox Paulista, nombre tradicional por el que aún hoy le conoce mucha gente en Brasil.
El Terrier Brasileño es un perro enérgico, vivo e inteligente al que algunos describen como un Jack Russell grande. Su trabajo tradicional ha sido el de caza de ratas y ratones, además de otras alimañas. Trabaja siempre en grupo, acorralando y acosando a su pieza hasta agotarla y darle la muerte.
Es un perro juguetón y alegre al que le encanta estar en compañía de su familia. En realidad se ha convertido en un terrier de compañía, a pesar de que conserva intactos sus instintos de caza.
Su temperamento extrovertido lo manifiesta de manera ladrando sin parar, corriendo y dando saltos y vueltas sobre sí mismo, o haciendo agujeros de forma frenética.
Se adapta muy bien a vivir en casi cualquier condición, pudiendo hacerlo en un apartamento o en una gran casa de campo, siempre que sus dueños estén familiarizados con el temperamento de un terrier y sean capaces de darle la actividad que necesita.
Aunque puede ser una elección adecuada para un propietario inexperto, para el dueño de un Terrier Brasileño es inexcusable convertirse en un líder sólido, firme y seguro de sí mismo.
Como buen terrier es valiente, lleno de coraje, pero a la vez amistoso y generalmente bueno con los niños. De todas formas es imprescindible educar a los más pequeños de la casa acerca de las características especiales de su perro, de su temperamento y de su físico, a fin de evitar situaciones desagradables provocadas casi siempre por un manejo inadecuado.
Uno de los trabajos más importantes que se deben hacer con el Terrier Brasileño es una socialización intensa, además de programar una educación básica, firme y consistente.
Si el Terrier Brasileño percibe que sus dueños son débiles puede llegar a desarrollar un temperamento posesivo y testarudo y tratar de imponer su propia voluntad.
Es muy importante no tratar al como si fuera una persona.
Humanizar demasiado a un perro solo conduce a desarrollar comportamientos altrados que pueden ocasionar situaciones conflictivas.
La relación de Terrier Brasileño con otros perros puede ser buena si se le acostumbra desde pequeño, pero con otros animales es difícil que llegue a hacer buenas migas debido a su fuerte instinto de caza.
Si no se le va a emplear para sus funciones tradicionales, es recomendable enrolar al Terrier Brasileño en una actividad que sirva como válvula de escape para su inagotable energía.
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