
Es el más antiguo de los molosos británicos y el más noble de todos ellos. Se ganó desde el primer momento un lugar como guardián de castillos y haciendas y se le mantenía encerrado durante el día, soltándolo por la noche para disuadir intrusos.
El valor de estos animales era tal que se utilizaban como moneda de cambio y como presente para los grandes dignatarios de otros países. Al parecer, Enrique VIII regaló 400 ejemplares adiestrados para la batalla al Rey de España, Carlos V.
Uno de los criadores fundamentales del siglo XIV fue el Conde de Legh, quien los tenía en su casa de Lyme Hall. Allí permanecería el núcleo de la raza durante siglos hasta llegar al siglo XVII, cuando el rey Jaime I de Inglaterra volvió a utilizar un par de ejemplares de Lyme Hall como presente para Felipe II de España.
Ya en las primeras leyes escritas de Inglaterra, las “Leyes del Bosque”, del Rey Canuto, se menciona al Mastiff por su nombre y se exige que todos los ejemplares de la raza debían tener dos dedos centrales de las manos imputados para no ser capaz de correr lo suficiente como para dar caza a los venados, considerados de exclusiva propiedad del monarca.Con el reinado de Isabel I se inicia la tradición de emplear al Mastiff en deportes de combate, habitualmente peleando contra osos, leones o tigres, para el entretenimiento de la Reina y su Corte.
Incluso cuando se prohibió el uso de los perros en estos tremendos espectáculos, la raza continuó en manos de nobles personajes como los Duques de Devonshire y Sutherland, el Conde de Harrington, etc.
El valor y la estima por la raza era tan grande que quien poseís un Mastiff se sentía seguro y protegido, al punto que los primeros peregrinos que partieron a bordo del barco Mayflower con destino a América se hicieron acompañar por una pareja de Mastiff como protección ante lo desconocido.
A partir de la primera mitad del siglo XIX, la crianza de perros de pura raza y su exhibición en Exposiciones Caninas se empieza a convertir en un acontecimiento social cada vez más popular y los primeros Mastiff con pedigree son criados e inscritos en el Kennel Club, siendo aún sus criadores, miembros de la alta sociedad británica.
El Mastiff es un perro muy poderoso, fuerte, masivo e imponente, al mismo tiempo que tranquilo y poco ladrador. En cambio, es un excelente perro guardián y defiende a su familia y su territorio hasta las últimas consecuencias. Cuando percibe la presencia de un extraño, lo sigue y acorrala o bien lo inmoviliza con su cuerpo. Todas estas cualidades no necesitan ser entrenadas pues están muy ligadas a su herencia genética.
El Mastiff es majestuoso, seguro de sí mismo y con gran autoconfianza, al tiempo que afectuoso y paciente, especialmente con los niños. Le gusta agradar a su dueño, por lo que su adiestramiento no es difícil, aunque debe ser firme y paciente. Es importante fomentar una buena socialización cuando aún es tan sólo un cachorro para así evitar que se acentúe la suspicacia hacia los extraños.
Por su tamaño, a pesar de ser muy tranquilo, no es el perro más adecuado para vivir en un apartamento, aunque tampoco necesita grandes espacios sobre los que dominar su imponente presencia.
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